Regresando al barrio, y comprendiendo grosso modo los fenómenos anteriores, podemos ya ubicarnos temporal y musicalmente en los años setenta. Aunque conviene tocar otro aspecto importante. Las All Stars de Alegre Records fueron inspiradas en las Jam Sessions del jazz y las descargas procedentes de Cuba. Pero como estamos en la ‘capital del mundo’ la cosa tenía que poseer un carácter de espectáculo. Deténgámonos en el caso de la Alegre All Stars.
Este grupo de artistas que pertenecían al sello de Al Santiago lograron unsonido especial para esta década identificada por dos ritmos predominantes: pachanga y boogaloo, pero aquí esto no fue lo que sonó. Las sesiones de estudio fueron grabadas como salieron, con las voces de los productores incluso, errores, comentarios sueltos y es tal vez el factor que enriquece estas producciones, dejando de lado su maravillosa música.
Son estos ruidos (que en otros casos se suprimirían en las grabaciones definitivas), lo que le da su perfil de música viva e interesante. El primer LP abre con un tema original “¡Vaya riesgo comercial!” Dirían los temerosos programadores ante la presencia de ‘Camina y Ven’ de Charlie Palmieri, Le sigue un inolvidable clásico de las charangas y las orquestas tipo jazzband cubanas, compuesta por Bebo Valdés y titulada ‘Rareza del Siglo’. Con estos dos ejemplos iniciales nos damos cuenta que este grupo de músicos de primera línea van en una dirección muy diferente a las tendencias. Eso hace aún más valioso este trabajo.
Este trabajo de la Alegre All Stars, que se compone de cinco álbumes fundamentales (“The Alegre All Stars” 1961, “El Manicero” 1964, “Way Out” 1965, “Lost and Found” 1966 y “Perdido” 1977) es la muestra de lo que significa una sesión orgánica, con altas dosis de talento, buen manejo del insumo original de temas claves, originales o versionados y la demostración de un nivel alto de creatividad en la improvisación y resulta un documento clave para entender lo que vendría posteriormente. Siendo un material de estudio, tiene la riqueza de la ejecución en vivo, con errores (si los hubiera en términos musicales) que agregan naturalidad. El ‘all stars’ está integrado por líderes de orquesta y artistas que ya se estaban consagrando en la escena de la música latina y además, rompe el paradigma de la moda imperante del boogaloo y la pachanga y da continuidad.
Este ejemplo de sesión en vivo fue tomado como ejemplo de lo que se podía hacer para promover los talentos dentro de cada sello discográfico. Tico Records haría lo propio lanzando los tres discos “Descargas” de 1966, en el Village Gate de Nueva York. La diferencia más importante es que estamos ante una jam session como en el ejemplo anterior, pero en concierto y este último factor marcaría la pauta de las siguientes producciones en las que se registraran sesiones improvisadas con músicos de determinado sello con colaboraciones adicionales, pues en este caso estaba Charlie Palmieri (quien estuvo como líder en las grabaciones de Alegre All Stars) que venía del sello B.G.
Fanía Funché
Johnny Pacheco decidió independizarse de Alegre Records, en parte por desavenencias con Al Santiago y en parte por el anhelo creciente de crear su propio sello discográfico. Se une al abogado Jerry Massucci y crean una sociedad que resultó efectiva en estrategias y en términos económicos. A modo de capricho personal y una dosis de originalidad, Pacheco publicó el primer LP del sello Fania a partir del número de serie 325, que representa su fecha de cumpleaños (marzo 25). A partir de ese número, continuaría la serie de discos con el 326, 327, 328, etcétera. Este primer trabajo se llamó “Cañonazo” y fue el giro sonoro que dio Pacheco con el fin de diferenciar esta etapa con la anterior en Alegre. La idea era dejar atrás el sonido que le caracterizó en aquellos años y tomar elementos de las orquestas sonoras y tipo jazz band de Cuba, así que su banda sonó al estilo de la Sonora Matancera, Chappottín y sus Estrellas, Conjunto Casino u Orquesta Riverside.
Bajo el número de serie 328, se publicó el álbum “Pacheco, his flute and his latin Jam”, que revivía el viejo espíritu de las sesiones en vivo grabadas en bloque como se hizo con la Alegre All Stars. El sonido no correspondía a su nuevo tumbao sino al de las descargas neoyorquinas, con trombones y percusión robusta. Este fue el primer esbozo de lo que conformaría después. El sello Fania Records comenzó a crecer exponencialmente y en 1968 tendría suficiente talento para armar un all stars de lujo, con algunos préstamos de sellos que pasarían a su feudo, pero que proporcionó un nuevo sonido a raíz de la combinación de su talento.
Por parte de Fania, estarían en la tarima del pequeño club Red Garter los siguientes músicos: Ray Barretto, Joe Bataan, Willie Colón, Larry harlow, Monguito Quián, Johnny Pacheco, Bobby Quesada, Louie Ramírez, Ralph Robles, Monguito Santamaría, Bobby Valentín. Como parte del show y procedentes del sello Vaya Records estarían Tito Puente, Eddie Palmieri, Ricardo Ray y Jimmy Sabater. Otros músicos que hacían parte de las orquestas de algunos de estos líderes complementarían el staff de esta forma, la cantante de soul La La, Héctor Lavoe, Ray Maldonado, Ralph Marzan, Ismael Miranda, Pete El Conde Rodríguez, Bobby Rodríguez, José Rodrigues, Barry Rogers y Adalberto Santiago. Con este personal se grabó la sesión por Richard Alderson bajo la supervisión de Pacheco y las fotografías de la carátula, serían tomadas por Leon Gast, quien tendría un papel definitivo en un futuro no muy lejano.
Our Latin Thing
Después del recital en el Red Garter, varios integrantes del Fania All Stars no continuaron en esta selección o trabajarían alternativamente en proyectos adicionales del mismo sello. En agosto de 1971 Fania All Stars volvería recargado, con nuevos integrantes que haríanparte de la plantilla oficial en años posteriores y en momentos claves que por fortuna quedarían registrados para la posteridad. El sitio era el salón Cheetah, ubicado en la calle 52 con avenida 8 en Nueva York y su propietario fue Ralph Mercado. Aquella noche fue laprimera en que la Salsa se dio a conocer y esto, más allá del simple hecho de la revelación, suscitó otros hechos que pasarían a la historia y quizás, sería esta la noche más grande de este concepto musical.
El concierto obtuvo el favor del público que abarrotó las instalaciones del Cheetah. Los líderes de orquesta aún más consolidados pasarían a formar parte del set instrumental de la banda, Ray Barretto, Willie Colón, Larry Harlow, Johnny Pacheco, Roberto Roena y Bobby Valentín ya poseían proyectos sólidos con sus orquestas. Los cantantes para esta velada, también tenían un fuerte arraigo en la audiencia, Santos Colón, Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Pete ‘El Conde’ Rodríguez y Adalberto Santiago eran los que definían el sonido vocal en las bandas para las que trabajaban. En los trombones, nuevamente hubo músicos de sesión con enorme talento, como los trombonistas Barry Rogers y Roberto Rodríguez; los trompetistas Larry Spencer, Héctor ‘Bomberito’ Zarzuela y Roberto Rodríguez; el timbalero Orestes Vilató y el cuatrista Yomo Toro. Por si fuera poco, entre los invitados del sello Vaya estuvieron Ricardo Ray y Bobby Cruz y José ‘Cheo’ Feliciano. La música que se vivió allí poseía una alta carga de electricidad y fuerza. Era la expresión del latino puesta en escena. Todo lo que sucedía socialmente en Nueva York confluyó esa noche del 26 de agosto de 1971. Ahora Vengo Yo, Estrellas de Fania, Qué Barbaridad, Ponte Duro, Macho Cimarrón, Descarga Fania, Anacaona, Quítate tú y los temas de apertura y cierre al estilo de las orquestas cubanas, se quedaron para siempre en el corazón del salsero citadino. Y se quedaron de diversas maneras. El material captado esa noche dio para dos álbumes en vivo de la Fania All Stars en vivo en el Cheetah, pero hubo más. ¿Recuerdan al fotógrafo León Gast de los párrafos anteriores? Pues también era videógrafo y cineasta y captó varios momentos del concierto y unió estas escenas con tomas de las calles del Bronx, imágenes sueltas de los músicos en las avenidas, interacciones con el público y sin quererlo armó la
obra fílmica máxima de la Salsa: “Our Latin Thing”. En ella se reflejaba la vida de los hispanos en la urbe más compleja del mundo. En ella se mostraba la forma alegre de expresarnos. En ella aparecían quienes en adelante serían nuestros ídolos musicales. Y como toda buena película, también contó con banda sonora, audios diferentes de los temas del concierto, música incidental, sonidos de las escenas, entre otros elementos sonoros.
Si bien, el concierto abrió la posibilidad de las presentaciones en otros escenarios, incluso masivos dada la ambición de los socios Pacheco y Masucci, como el del Yankee Stadium (que se terminó de realizar por problemas causados por disturbios en el Coliseo Roberto Clemente), la visita al África que tiene su propia historia, el de Japón, el de San Juan Puerto Rico en 1973, el realizado en el teatro Karl Marx en La Habana, Cuba, la presentación gratuita en la cárcel Modelo de Bogotá en agosto de 1980, el recital televisado en Venezuela en la misma década de 1980, el del estadio Hiram Bithorn el 11 de junio de 1994 para los 30 años del sello y el de Cali Colombia cuatro años después, bajo un fuerte aguacero, realizado en el estadio Pascual Guerrero, además de los multitudinarios recitales en Bogotá y Medellín en varias oportunidades, citando el caso colombiano solamente, la película causó otros efectos en la reafirmación del concepto Salsa en la afición convirtiéndolo en el sonido más representativo para los latinos ante el mundo.