
A veces podría entenderse que la predestinación existe. Hay seres recubiertos de una mística especial. Eddie Palmieri era música en toda su extensión y el pasado 6 de agosto, su vida terrenal llegó a su fin a los 88 años. Este es el mismo número de teclas que tiene un piano, el instrumento que siempre lo conectó con los dioses africanos, los ancestros del jazz y los amantes de la salsa dura, aunque nunca gustó de ese nombre para cobijar los ritmos de la música que creó, extendida en años de producción, incontables producciones, reconocimientos de toda índole y una gran cantidad de obras inexploradas por muchos. La noticia de su partida sacudió a músicos, coleccionistas, melómanos y amantes de la salsa y el jazz latino en todo el planeta.
En Latina Stereo no lo despedimos con silencio, sino conRitmo Alegre. Su vida fue un viaje al que nos invitó constantemente a través de su piano: Ven, ven, vámonos pa’l monte. Su trayectoria atravesó seis décadas de cambios, tendencias y sonidos. Supo adaptar su estilo alternativamente frente a lo que ofrecían los medios y la industria, le dio altura y perfeccionó géneros, a los que vinculó culturas, desde lo africubano, a lo neoyorquino o desde lo tradicional puertorriqueño a los terrenos jazzísticos. Para comprender la magnitud de su figura, es necesario recorrer su historia, sus aportes y el impacto eterno que dejó.
Los inicios de un prodigio
Eddie Palmieri nació el 15 de diciembre de 1936 en Harlem, Nueva York, en el seno de una familia puertorriqueña. Creció rodeado de música gracias a su madre y a su hermano mayor, Charlie Palmieri, otro pianista legendario. Desde pequeño, el piano fue más que un instrumento: era su manera de expresar inconformidad y rabia, mientras Charlie se pulía en el conservatorio, Eddie tomaba elementos de la vida y de la calle para construir su aprendizaje.
Influenciado por grandes figuras del jazz como Thelonious Monk y McCoy Tyner, y por los ritmos afrocubanos que sonaban en su barrio, Eddie desarrolló un oído privilegiado y una curiosidad infinita por conocer aquellos fundamentos y explorar nuevos caminos musicales.
Su carrera profesional despegó en la orquesta de Tito Rodríguez, pero su espíritu inquieto lo llevó a formar su propio proyecto. En 1961 fundó La Perfecta, una agrupación que rompió todos los moldes. Palmieri reemplazó los violines tradicionales de las charangas por trombones, en combinación con la flauta, creando un sonido más fuerte y profundo que se convirtió en su sello.
Con temas como Muñeca, Azúcar y Bilongo, Eddie Palmieri demostró que la salsa podía ser tanto bailable como musicalmente compleja, atrayendo tanto a los fanáticos de la pista como a los amantes del jazz.
Lejos de encasillarse, Palmieri fue un pionero en la fusión de géneros. Discos como “Live at Sing Sing” y “Lucumí, Macumba, Vodoo” contienen temas con el groove del funk, aportes desde el jazz y la base de la descarga afrocaribeña. Este enfoque innovador lo convirtió en una figura visible en expresión contestataria a nivel social y musical. Otros álbumes como Palmas, Vortex y Arete le dieron una mayor visibilidad en el ámbito del jazz.
La calidad de su trabajo fue reconocida con múltiples premios. Ganó el Premio Grammy en tres ocasiones: 1976, 1983 y 1985., comenzando con el disco “The Sun of Latin Music”, el primer Grammy otorgado a un álbum de música latina. Entre sus galardones se cuentan también el NEA Jazz Master y el Lifetime Achievement Award del Latin Grammy.
Palmieri tuvo en sus filas destacadas voces como Ismael Quintana, Lalo Rodríguez, Cheo Feliciano, Luis Vergara, Wilfredo Santiago, José Cheo Medina, Jerry Medina, Tony Vega, Herman Olivera, Gilberto Santa Rosa, Victor Manuelle y ha participado en producciones con músicos que han estado en su orquesta como es el caso de Conrad Herwig y Brian Lynch.
Eddie Palmieri nunca se dejó llevar por modas comerciales ni dejó que le influenciaran con tendencias que no tuvieran relación con la autenticidad de las raíces. Para él, los ritmos afrocubanos merecían el mayor respeto, ya que se componían de una historia profunda y sólo era válida la evolución hacia perspectivas superiores.
Al igual que él recibió una fuerte y valiosa influencia en cuestión de estilos musicales, Eddie Palmieri fue mentor de músicos jóvenes que siguieron derroteros similares en términos de exigencia y afinidad con los fundamentos que él siguió. Desde los primeros años, su timbalero Manny Oquendo se propuso crear una banda de respeto como el Conjunto Libre; Ismael Quintana se retiró de la banda de Palmieri para iniciar un camino como soista con alta calidad interpretativa. Otros músicos que pasaron por su orquesta como Paoli Mejías, José Claussell, Anthony Carrillo son referentes importantes en cada espacio que ocupan dentro de la música latina.
Palmieri fue, fundamentalmente, un innovador. En tiempos en que las canciones duraban de 2 a 3 minutos grabó el tema Azúcar que dura más de 7. Agregó instrumentación propia del jazz a su formato y creó obras de arte en su discografía en los años setenta, con la inclusión de gente como Cal Tjader y Ronnie Cuber. Su capacidad para innovar sin perder la esencia de la música afrolatina lo convierte en un faro para las futuras generaciones de artistas.
La despedida
En un día tan bonito como hoy, el 6 de agosto de 2025, el maestro a quien conocimos como “El Sol de la Música Latina” nos dejó físicamente. De forma tranquila, su corazón le dijo que ya era el momento de reunirse con su esposa Iriaida, su hermano Charlie y sus grandes amigos como Tito Puente y Tito Rodríguez y todos sus mentores de la música cubana y del Jazz. Su alma pervive en cada uno de sus discos que toquen la aguja, en cada video que protagonizó, incluso en los timbales. Su partida fue lamentada por colegas como Willie Colón, Isidro Infante, Bobby Cruz, Eddy Zervigón, Michel Camilo, Lucques Curtis, Los Van Van, Sonora Ponceña, Orquesta Aragón, Arturo O Farrill, Tito Rodríguez Jr. y una larga lista de artistas que lo consideraban una leyenda viviente.
En Latina Stereo lo recordamos como lo que fue: un revolucionario del piano, un creador constante, genio innovador y un guardián de la tradición afrocaribe.
Hoy su piano guarda silencio, su nombre invita a la Adoración, pero sus notas siguen vivas, latiendo en cada rincón donde su música haya tocado un corazón.